El cristalino
es una estructura que forma parte del ojo, con forma de una
lente transparente; la cual aumenta o disminuye su diámetro con
el fin de enfocar la imagen del objeto externo en la retina.
Cuando el cristalino sufre alteraciones en su transparencia,
termina produciéndose lo que se conoce como "catarata", la que
dificultaría la visión normal.
Clasificación:
Podemos dividirlas de acuerdo a su origen en:
a) Catarata congénita: La catarata congénita es la opacidad del
cristalino que se detecta durante el primer año de vida del
niño. Es una de las anomalías del ojo más frecuentes, y por ello
una importante causa de ceguera si no se hace el diagnóstico
precoz. La mayoría de éstas no progresan.
b) Cataratas adquiridas: Dentro de este tipo podríamos destacar
la "catarata senil". Más del 25% de las personas entre los 65 y
75 años de edad pueden presentar opacidades del cristalino, las
que generalmente son bilaterales. Entre las causas reconocidas,
al factor edad deben agregarse la diabetes y la hipertensión
arterial.
La "catarata senil" tiene estadios evolutivos que ocasionan
alteraciones visuales progresivas, culminando en la ceguera si
no es tratada.
Tratamiento:
Debe recurrirse a la cirugía y esta indicado cuando la persona
no puede realizar sus tareas habituales. El procedimiento
consiste en extraer parcial o totalmente el cristalino. La
corrección de la visión luego de la cirugía puede realizarse
con:
Anteojos: no se logra una buena visión por la magnificación de
las imágenes, la reducción del campo visual y las imágenes
fantasmales alrededor del campo visual.
Lentes de contacto: la visión mejora notablemente, pero las
dificultades de su uso se deben a la poca destreza de los
ancianos para su colocación o remoción.
La posibilidad de insertar en el mismo acto quirúrgico, una
lente intraocular en el lugar ocupado por el cristalino, ha
mejorado notablemente los resultados de la cirugía; lográndose
una visión similar a la del ojo normal.
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