El cerumen es
una mezcla de células muertas de descamación y de secreciones
viscosas producidas por algunas glándulas de la piel que recubre
el conducto auditivo externo, o sea, el que va desde la oreja a
la parte más interna del oído. Constituye un mecanismo de
defensa frente a los gérmenes, junto con la integridad de la
piel y el pH ácido (acidez) de la misma.
Por qué se producen los tapones de cerumen
Todas las personas tenemos cerumen. Hay niños cuyas glándulas
sebáceas producen secreciones más espesas y en mayor cantidad
que otros. Además, con el rascado o la introducción de cuerpos
extraños o bastoncillos limpiadores se produce un aumento de
células de descamación y, por tanto, más cerumen. La suma de
estos dos mecanismos trae como consecuencia que todo el cerumen
fabricado en el conducto auditivo externo no se pueda eliminar
al exterior y se acumule formando “tapones”.
Son perjudiciales
No siempre. En muchas ocasiones no producen ningún síntoma y son
un hallazgo casual al explorar los oídos de los niños con el
otoscopio. Otras veces, sí ocluyen por completo el conducto
auditivo e impiden el paso del aire a su través, pueden producir
dolor o disminución de la audición, síntomas ambos que
desaparecen al extraer los tapones.
Deben extraerse siempre
No. Como decíamos al principio, el cerumen es un mecanismo de
defensa ante los gérmenes, por lo que no siempre deben
eliminarse. La indicación para extraer los tapones dependerá del
tamaño de los mismos, de los síntomas que produzcan o de otras
circunstancias particulares que le pueda explicar su pediatra.
En el caso de que sea necesario eliminarlos, puede hacerse
fácilmente por personal sanitario con un pequeño chorro a
presión de agua templada a través del orificio externo del oído
o bien mediante un aspirador específico para cerumen. En
ocasiones, es conveniente ablandarlos previamente aplicando
gotas de agua oxigenada en el conducto auditivo externo durante
unos días.
Qué se puede hacer para evitar su formación
No siempre se puede evitar la formación de tapones, ya que hay
niños que tienen una predisposición natural a producir cerumen
más viscoso y en grandes cantidades. Sin embargo, siempre es
útil evitar el rascado del conducto auditivo externo, ya que
impediremos que se sumen a las secreciones un montón de células
muertas que se desprenden con el rascado.
Por ello, para la limpieza de los oídos nunca introduciremos por
el orificio externo del oído bastoncillos ni ningún otro
utensilio. Nos limitaremos a retirar la cera que salga a través
de este orificio.
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