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Claudicación Intermitente

Claudicación Intermitente

Es un trastorno caracterizado por la aparición de un dolor muscular intenso localizado en las piernas, en la región de la pantorrilla o el muslo, que aparece al caminar o realizar un ejercicio físico y que obliga a detenerse a una distancia determinada.

La claudicación intermitente, en realidad, forma parte de una entidad más compleja, como lo son las enfermedades vasculares periféricas, donde se describen las alteraciones del sistema arterial, venoso y linfático de nuestro organismo.

Esta enfermedad se produce como consecuencia de la obstrucción progresiva de las arterias que nutren las extremidades, por lo que disminuye el aporte necesario para satisfacer adecuadamente el aumento de la demanda de flujo sanguíneo que se produce al realizar cualquier tipo de actividad.

Se observa con mayor frecuencia en el hombre que en la mujer con una relación de 4 a 1, en el 90% de los casos se afectan las extremidades inferiores.


Causas

La ateroesclerosis es la causa más común, representando el 95% de las obstrucciones arteriales progresivas; caracterizadas por lesiones localizadas de las paredes de las arterias, denominadas "placas de ateromas". Estas placas están constituidas por lípidos, restos celulares y calcio, recubiertas por una capa de tejido fibroso (colágeno). Con el transcurso del tiempo, los lípidos y restos celulares se van depositando en las paredes de las arterias y, poco a poco, van disminuyendo el diámetro de las arterias. Esto trae como consecuencia una deficiencia del flujo sanguíneo en el tejido muscular durante el ejercicio con la consiguiente disminución del aporte de oxígeno y poca producción de energía, lo que se traduce por dolor.


Factores predisponentes

Existen numerosos factores de riesgo para el desarrollo de la ateroesclerosis, de los cuales podemos enumerar:

• Colesterol: Los niveles por encima de 200 mg./dl. identifican a las personas con riesgo potencial, con niveles superiores a 240 mg./dl. el riesgo es muy alto.

• Cigarrillo: Existe una relación directa entre el número de cigarrillos fumados y las enfermedades arteriales oclusivas.

• Hipertensión Arterial: Existe un fuerte componente genético, vinculándose además con la obesidad y el tipo de dieta con alta ingesta de sodio.

• Edad: En los últimos años ha quedado claro que el proceso comienza en la adolescencia con una incidencia de crecimiento abrupto después de los 30 o 35 años.

• Sexo: La incidencia es mayor en el sexo masculino.

• Diabetes: Constituye un factor de riesgo especialmente importante para el desarrollo de esta afección.


Tratamiento

Consiste en el control de los factores de riesgo y en el tratamiento con medicamentos o cirugía de las complicaciones.

• Control de los factores de riesgo: Está ampliamente demostrado que el control de los factores de riesgo es útil aunque ya existan lesiones ateroescleróticas, pues es posible detener su progresión y, en algunas circunstancias, incluso producir cierta regresión. Si bien hay factores que no son posibles modificar, como la edad y el sexo, existen factores que pueden ser controlados como la hipertensión arterial, la diabetes y la obesidad. Algunos factores de riesgo pueden ser eliminados como el tabaco, cuya supresión es fundamental; así mismo, deben modificarse radicalmente los hábitos de vida en cuanto al sedentarismo, dieta y estrés.

• Tratamiento con medicamentos: Está dirigido a las complicaciones de la enfermedad ateroesclerótica, especialmente la disminución de la luz de la arteria y a mejorar el flujo sanguíneo hacia las extremidades. Para esto pueden utilizarse medicamentos de tipo vasodilatadores para tratar de lograr la máxima dilatación de las arterias todavía permeables. También pueden usarse los denominados antiagregantes plaquetarios (tipo aspirina).

• Tratamiento quirúrgico: Con este tipo de terapia se consigue la dilatación de la lesión estenosante o la repermeabilización de los segmentos ocluidos. Para tal fin puede usarse la angioplastia transluminal percutánea, introduciendo un catéter con un balón dilatador en su extremo dentro de la arteria; una vez ubicado en el lugar correcto, se infla el balón lo que comprime la placa de ateroma contra la pared de la arteria, lográndose desobstruir la arteria.

Cuando no es posible restablecer el flujo mediante esta maniobra, se procede a resecar quirúrgicamente la arteria y sustituir la zona estenosada u obliterada mediante un injerto, utilizándose una vena o bien material sintético.

  

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