Es una enfermedad inflamatoria del intestino, crónica, de causa
desconocida y con una evolución recurrente, alternando
generalmente con brotes y remisiones.
Si bien no se conocen exactamente las causas responsables del
cuadro, se cree que existe una predisposición genética, la cual
sumada a factores dietéticos e infecciosos, desencadenan una
respuesta en el sistema inmunológico que lesionaría la mucosa
que reviste el tubo digestivo.
La lesión en el intestino comienza en el recto, extendiéndose en
dirección ascendente hacia el colon en forma uniforme y sin
dejar mucosa sana interpuesta.
Es una enfermedad que, aunque puede aparecer a cualquier edad,
presenta dos picos de mayor incidencia: entre los 20 y 40 años y
entre los 60 y 80 años.
En algunos estudios se ha observado que las personas ex
fumadoras poseen mayor riesgo de padecer esta enfermedad que
aquellos fumadores activos o los que nunca fumaron.
Cuadro clínico
Puede presentarse de las siguientes formas clínicas:
• Remitente - recidivante: se presenta en alrededor del 70% de
los casos, con brotes o períodos de actividad de la enfermedad
con manifestaciones clínicas, alternado con períodos sin
síntomas con remisión de la enfermedad. Aparece un cuadro de
diarrea y dolor en el abdomen. La diarrea se caracteriza por
deposiciones que pueden oscilar de 3 - 4 hasta 20 por día, con
heces líquidas con moco, sangre o pus. El dolor es intenso
asociado con el deseo de defecar, cediendo luego de ésta, y se
localiza alrededor del ombligo pero puede extenderse a todo el
abdomen.
• Crónica - continua: las manifestaciones clínicas se mantienen
durante 6 meses o más, sin responder al tratamiento.
• Aguda fulminante: es la forma más grave, puede ser la forma de
comienzo de la enfermedad con un cuadro brusco de diarrea e
importante pérdida sanguínea.
Entre las manifestaciones generales que pueden presentarse se
destacan la fiebre no muy elevada, pérdida de peso, náuseas y
vómitos, dependiendo de la gravedad del cuadro.
Tratamiento
El principal objetivo del tratamiento es conseguir la remisión
del episodio agudo cuanto antes y evitar su reaparición.
Desde hace muchos años, la medicación utilizada son los
corticoides y la sulfasalazina, lográndose resultados
satisfactorios tanto para controlar el brote como para evitar
nuevos episodios. Los corticoides más utilizados son la
hidrocortisona, prednisolona y la corticotropina.
En los casos rebeldes a este tratamiento se han utilizado drogas
inmunosupresoras como la 6-Mercaptopurina, pero su uso ha
decaído en los últimos años.
También debe incluirse el reposo y cambios en la dieta,
evitándose los alimentos ricos en fibras que, si bien no
modifican el desarrollo de la colitis ulcerosa, mejoran el
estado nutricional de la persona y alivian la diarrea.
La cirugía está indicada en aquellos casos en los que aparezcan
complicaciones como hemorragias masivas y perforación del
intestino por rotura de su pared; tratamiento con corticoides
por periodos prolongados, falta de respuesta a los medicamentos
o una obstrucción al tránsito intestinal.
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