Es un conjunto
de signos y síntomas caracterizados por un deterioro global de
las funciones intelectuales, de origen orgánico, que ocasiona
una desadaptación social, sin que presente alteraciones del
estado de conciencia.
No es una enfermedad en sí, sino que es un trastorno con
diferentes expresiones clínicas, dependiendo del periodo
evolutivo en el que se encuentre y de las causas que lo
originaron. Al hablar de deterioro, nos referimos a que se
presenta en una persona que previamente se encontraba normal.
Las causas más frecuentemente relacionadas son la Enfermedad de
Alzheimer y las Enfermedades Cerebrovasculares.
Constituye un problema sanitario muy preocupante en los países
occidentales, con una prevalencia que oscila entre el 5 y el 15%
de las personas que tienen más de 65 años de edad. Estas cifras
se duplican en las personas de más de 80 años. En los últimos
años se ha observado un incremento en su incidencia como
consecuencia del mayor envejecimiento de la población y de los
cuidados especiales que reciben estas personas.
Cuadro clínico
Las primeras manifestaciones clínicas que se observan son un
cuadro depresivo con muy poca angustia y una pobreza interior en
lo que se refiere al contenido de las ideas. Más tarde presentan
un déficit en la memoria, con gran dificultar para aprender
nueva información y se olvidan de lo aprendido previamente. Esta
afección es tanto para la memoria verbal como la visual. Se
olvidan fechas y hechos muy importantes en su vida. Otras
características son la reiteración de historias y preguntas,
extravíos y olvidos de objetos importantes.
Los trastornos de lenguaje se caracterizan por inconvenientes
para encontrar la palabra justa, utilizan muchas palabras
automáticas con poco contenido. Conjuntamente aparecen
trastornos en la lectura y la escritura con alteración en la
comprensión y en la redacción. Por todo esto, estas personas no
son capaces de mantener una conversación coherente, saltando de
un tema a otro sin poder completar una aseveración.
También padecen trastornos motores y sensitivos, son incapaces
de realizar una secuencia más o menos compleja como encender un
cigarrillo y no pueden ejecutar o imitar un acto luego de una
orden.
Presentan además una incapacidad para reconocer los objetos y
rostros cotidianos, pudiendo llegar a no reconocer su propio
rostro en el espejo.
Tratamiento
Si bien actualmente no resulta práctico, en algunas personas es
conveniente su internación para un periodo de observación, en
donde el tratamiento puede ser bastante sencillo, sobre todo si
ellos colaboran y se encuentran en un ambiente tranquilo.
Cuando el cuadro demencial es leve y las circunstancias resultan
adecuadas, la persona enferma puede permanecer en su hogar y
continuar con las actividades que pueda realizar, protegiéndolo
de las lesiones que pudiera causarse por realizar acciones
imprudentes.
El apoyo psicológico tanto para la persona demente como para sus
familiares es de gran utilidad para sobrellevar lo mejor posible
el cuadro.
Los medicamentos que pudieran utilizarse van a depender de los
síntomas que predominen y de las causas que desencadenaron el
cuadro.
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