En el
"síndrome depresivo" la tristeza profunda que afecta la
totalidad de la vida psíquica, física y de relación de la
persona enferma, se ve acompañada en mayor o menor medida por
síntomas de inhibición, o angustia y por diferentes
manifestaciones físicas. En la práctica aproximadamente el 40%
de los que consultan en forma ambulatoria en un servicio de
Salud Mental de un Hospital General, presentan un trastorno
depresivo; siendo la población femenina la más afectada. La
depresión es el factor más importante de riesgo suicida: el 70%
de los suicidas presentan síntomas depresivos, pero la
intensidad de los síntomas no constituye en sí un factor
adicional de riesgo.
Causas:
La depresión constituye uno de los típicos trastornos en los que
existe una "personalidad con predisposición"; destacándose la
tendencia y el afán por el orden, son personas sobrias,
razonables, formales y con sentido del deber, escrupulosos
moralmente, con tendencia a culpabilizarse, etc. La aparición de
un cuadro depresivo puede ser desencadenado por la pérdida de un
objeto (una persona o abstracción) que por su valor simbólico,
lleva a una disminución de la autoestima. Esa pérdida produce
frustración, que provoca hostilidad, que en lugar de dirigirse
hacia el objeto fustrador se vuelve hacia el propio paciente;
como consecuencia de la identificación que se ha producido entre
el objeto y la persona. Este enojo contra si mismo se presenta
bajo la forma de sentimientos de culpa.
Cuadro clínico:
Desde el punto de vista clínico podemos dividir a los trastornos
depresivos en:
1-Primarias:
El cuadro depresivo no depende de otra enfermedad, ya sea mental
o física; se dividen a su vez:
a) Depresiones endógenas: La tristeza profunda constituye el
síntoma principal. Surgen sentimientos de fracaso y pesimismo,
con disminución de la autoestima. La agresividad volcada hacia
sí mismo lleva a la aparición de penosos autoreproches y
sentimientos de culpa. El enfermo ve disminuido su interés por
aquellas cosas que hasta ese momento constituían su mundo,
pudiendo llevar a un estado de absoluta indiferencia y
desinterés por todo. La persona tiende al aislamiento, rehuye el
contacto con familiares y amigos, se torna callado y retraído.
Entre los distintos síntomas físicos pueden aparecer:
disminución del apetito y del peso, trastornos del sueño,
cansancio, cefaleas, sequedad bucal, constipación,
palpitaciones, mareos y alteraciones del ciclo menstrual.
Dificultad para conciliar el sueño, sueño interrumpido y sobre
todo despertar precoz en la madrugada con imposibilidad de
volver a dormir son las alteraciones más frecuentes.
b) Depresión psicógena: Bajo esta denominación se incluye un
grupo de trastornos con características particulares. Se
presentan como un estado de ánimo deprimido casi continuo,
durante periodos prolongados; siendo más común en el sexo
femenino. A diferencia de la endógena, el inicio de cada
episodio es lento y a menudo impreciso, manifestándose por los
siguientes síntomas: insomnio, pensamientos pesimistas y
autodenigrantes, decrecimiento progresivo de la energía a lo
largo del día, con cansancio y tendencia a permanecer acostado,
disminución de la autoestima, pero sin un marcado sentimiento de
culpa. En ocasiones el cuadro depresivo aparece como reacción a
un factor estresante, produciéndose poco tiempo después de
iniciado el agente causal.
2-Depresiones secundarias:
Surgen como manifestación de otro trastorno o enfermedad, entre
las que podemos destacar: hipotiroidismo, déficit vitamínicos,
diabetes, enfermedad de parkinson, sida, infarto de miocardio,
abuso de sustancias (alcohol, somníferos, tranquilizantes),
cáncer, etc. Se manifiesta con la aparición de tristeza
acompañada de cansancio, disminución de la actividad por falta
de fuerzas, tendencia al llanto, a la angustia y a la
desesperación, insomnio e inapetencia.
Tratamiento:
El tratamiento de las depresiones, cualquiera sea el agente
desencadenante, debe basarse en una conducta terapéutica
integral que combine tres aspectos:
Biológico: comprende la utilización de medicamentos, como los
antidepresivos tricicliclos, inhibidores de la MAO, o los
llamados de "nueva generación"(fluoxamina, trazadona, etc). La
mejoría suele ser evidente en el curso de la cuarta o quinta
semana.
Psicológico: la reducción de los síntomas, la comprensión, y
resolución de los conflictos psíquicos, así como la modificación
de la conducta, son algunos de los posibles beneficios que el
tratamiento psicoterápico pueden ofrecer.
Social: el apoyo familiar y comunitario, resultan muy
importantes en el beneficio máximo que pueda obtenerse con el
tratamiento.
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