La pérdida
parcial o total del cabello se llama Alopecía, también conocida
con el nombre de calvicie. Esta pérdida no sólo puede afectar a
los pelos de la cabeza, sino también a otras partes del cuerpo.
Entre los diversos factores que pueden propiciar su aparición y
avance se encuentran los genéticos, aquellos derivados del
envejecimiento, algunas enfermedades como la dermatitis, las
micosis, el lupus eritematoso cutáneo, y también los trastornos
de ansiedad. Otras condiciones que pueden estimular la calvicie
son la radio y la quimioterapia, el ayuno y las deficiencias
alimentarias, un exceso de vitamina A, etc. Algunas de estas
situaciones son pasajeras y, por lo general, el pelo puede
volver a crecer.
La llamada alopecía cicatrizal es la que nace como consecuencia
de lesiones en los tejidos, sea por traumatismos, quemaduras,
atrofia por radiación o enfermedades. Se circunscribe al lugar
donde se produjo la lesión y, en general, no es recuperable.
En la alopecia no cicatrizal, en cambio, es muy frecuente el
patrón masculino, en el que hay una marcada predisposición
familiar. La pérdida del cabello empieza en las regiones
frontal, lateral y en la coronilla, y rara vez afecta el 100%
del cráneo.
También pueden darse la alopecia tóxica y la alopecia areata. La
primera suele asociarse a enfermedades febriles como la
escarlatina; con mixedema, hipopituitarismo o sífilis precoz; y
con algunos fármacos, como los citotóxicos, los compuestos de
talio y las sobredosis de vitamina A o retinoides.
La alopecía areata causa una pérdida súbita del pelo en áreas
circunscritas, pudiendo afectar cualquier zona con vello, sobre
todo el cuero cabelludo y la barba.
La pérdida total del pelo del cuerpo o alopecia universal es
poco común, y su pronóstico es malo cuando comienza antes de la
adolescencia.
Por último, se conoce la tricotilomanía, un hábito neurótico que
consiste en arrancarse el cabello. Se da sobre todo en niños y
púberes, y a veces ni la familia ni los profesionales reconocen
la causa de la pérdida de cabello.
Soluciones
Impulsadas por una cuestión estética, muchas personas recurren a
tratamientos y terapias de recuperación. Los hay de varios
tipos, de los cuales la aplicación local de drogas como el
minoxidil, acompañada de masajes en el cuero cabelludo
constituye tal vez el más conocido y tradicional de los métodos.
Su efectividad está sujeta en gran medida a la frecuencia de la
aplicación y la autodisciplina para la realización de masajes.
Estos estimulan la irrigación del folículo piloso, reactivando
su funcionamiento y el crecimiento más vigoroso del cabello.
Regularizar la función de las glándulas sebáceas adosadas al
folículo también puede ayudar a su crecimiento saludable.
Diversos champús y lociones sirven a este fin.
La mayor causa del fracaso de ciertos tratamientos la constituye
el hecho de que los prejuicios impiden que los hombres
-principales afectados por este problema- lleguen al lugar
adecuado para realizar una consulta profesional, apoyándose en
cambio en recetas caseras y propagandas engañosas. En el mejor
de los casos, muchos recurren a un centro de estética capilar.
Pero la alopecía es una enfermedad, y como tal requiere del
diagnóstico y tratamiento médico: un dermatólogo es quien puede
diagnosticar y tratar científicamente el problema.
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