La enfermedad
de Alzheimer es una enfermedad de causa desconocida, en la cual
se produce un proceso degenerativo del sistema nervioso central,
caracterizado por un deterioro progresivo de las funciones
intelectuales. Por su frecuencia y por las terribles
consecuencias que acarrea en el plano personal, familiar y
social, la enfermedad de Alzheimer es la patología degenerativa
más importante.
Asimismo, es la causa más frecuente de demencia. Su prevalencia
se incrementa en relación directa con la edad; es muy rara antes
de los cuarenta años, la padecen aproximadamente el 3% de las
personas mayores de 65 años y casi el 50% de los mayores de 85
años. El proceso degenerativo de la corteza cerebral, en forma
difusa, es la responsable del deterioro de las funciones del
sistema nervioso y de las modificaciones de la personalidad
características de esta enfermedad.
Cuadro Clínico:
La enfermedad comienza usualmente entre los 40 y 90 años. El
síntoma inicial acostumbra ser una disminución de la memoria
para los hechos recientes y de la capacidad de concentración, a
la que imperceptiblemente se suman dificultades progresivas para
la expresión y comprensión del lenguaje; desorientación
espacial, no reconociendo bien el lugar donde se encuentra.
Consciente de su menoscabo, tiene cambios del humor, pudiendo
estar ansioso y deprimido. La dependencia de una persona que
esté a su lado es cada vez mayor. Los hábitos que tenía, las
actividades sociales y de ocio que realizaba antes, han perdido
su valor, mostrándose aburrido y decaído. En un pequeño
porcentaje de casos y sólo en los estadios avanzados se producen
alteraciones del sistema motor, como rigidez, marcha con
pequeños pasos. La evolución de la enfermedad es hacia la
demencia. Finalmente se pierde la capacidad de percepción, de
hablar y de moverse, con incontinencia urinaria y fecal,
quedando en lo que se conoce como estado vegetativo.
La enfermedad es inexorablemente progresiva. La muerte suele
acontecer, como consecuencia de las complicaciones, por ejemplo
neumonía, u otras infecciones, a los 4 a 10 años del inicio del
trastorno.
Tratamiento:
Actualmente, ninguno de los tratamientos probados han mejorado
significativamente a las personas que padecen de esta
enfermedad; y todos los esfuerzos están dirigidos al alivio de
los síntomas, utilizando distintos medicamentos a medida que
estos vayan surgiendo. Algunos consideran que es una enfermedad
de carácter familiar, puesto que observar el continuo
padecimiento del enfermo, ocasiona un estado de tensión
permanente, por lo que en una terapia completa deben tenerse en
cuenta las necesidades de la familia, apoyándola emocionalmente
y asesorándola con programas educativos sobre esta enfermedad
con el fin de proporcionar un ambiente cómodo y seguro en el
hogar.
El médico debe contribuir a la consecución, para el enfermo, de
un adecuado apoyo humano y hacer ver la necesidad de que el
paciente mantenga sus contactos sociales.
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