Constituye el
primer proceso infeccioso de origen viral que afecta al aparato
respiratorio bajo en los niños lactantes de menos de un año de
edad.
El virus más frecuentemente responsable, alrededor del 80% de
los casos, es el sincitial respiratorio, el cual tiene una gran
afinidad por el epitelio que reviste los bronquios. También
pueden originar este cuadro los virus parainfluenza, influenza
A, adenovirus, rinovirus y enterovirus. El virus sincitial
respiratorio aparece con una mayor prevalencia en invierno y
primavera; y si bien afecta a personas de todas las edades, son
los niños menores de un año los más vulnerables. Se ha visto que
alrededor del 95% de los lactantes de menos de dos años de edad
ha estado en contacto con el virus sincitial respiratorio y que
el momento en que se desarrolla esta infección va a depender de
las defensas del niño. Es entre los dos y cinco meses de edad
cuando se produce la mayor incidencia de la infección en zonas
urbanas y en el segundo semestre en las zonas rurales.
El contagio se produce generalmente a partir de un adulto con
una infección viral con escasos síntomas, como un resfrío común.
La vía de transmisión es a través de las gotitas de flügge
eliminadas al estornudar o por inoculación a partir de
superficies contaminadas. El virus puede sobrevivir varias horas
en distintas superficies y por 30 minutos en las manos.
Cuadro clínico
Los virus ingresan al organismo a través de las fosas nasales o
la conjuntiva del ojo, infectando posteriormente en sistema
respiratorio.
Las manifestaciones clínicas son muy variables entre los niños,
pudiendo producir tos, aumento de la frecuencia respiratoria,
fiebre no muy elevada y un chillido en el pecho.
Generalmente, puede reconocerse días antes una exposición a un
adulto o un niño mayor con un resfrío común.
La forma de presentación es con síntomas leves, estornudos y un
leve aumento de la temperatura corporal. Posteriormente, los
síntomas aumentan gradualmente con gran dificultad para respirar
y una tos intensa. Es muy habitual que, además, se encuentren
muy inquietos y sin tolerar los alimentos.
En la gran mayoría de los casos se observa una buena respuesta
al tratamiento, autolimitándose el cuadro en tres o cuatro días.
En los casos más graves puede observarse una gran dificultad
para respirar, con una coloración azulada de la piel, aleteo de
las fosas nasales y aumento del diámetro del tórax.
Tratamiento
El tratamiento a implementar va a depender de la gravedad del
cuadro. En los casos leves no es necesario la internación del
niño y son suficientes una buena hidratación, limpieza de las
fosas nasales, administración de dilatadores bronquiales y una
constante y cuidadosa observación.
Cuando el compromiso es moderado o grave, el niño debe ser
hospitalizado para una mejor atención y seguimiento. Las medidas
generales consisten en una buena hidratación y alimentación para
mejorar o no empeorar el estado general de estos niños. El
aporte de oxígeno es de vital importancia, ya que existe un
déficit del mismo como consecuencia de la gran dificultad
respiratoria que presentan. En cuanto a las secreciones, resulta
de gran ayuda la facilitación de su eliminación, sobre todo en
los niños menores de seis meses.
Los dilatadores bronquiales son muy efectivos para facilitar el
pasaje del aire a través de los bronquios, cuya luz está ocupada
por las secreciones. Los corticoides pueden ser útiles en los
casos de mayor gravedad.
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