Es una
enfermedad infecciosa cuyos agentes causales son diferentes
especies del género "Brucella". Esta enfermedad se encuentra
dentro del grupo de las zoonosis, es decir aquellas enfermedades
de los animales transmitidas en forma accidental al hombre.
La transmisión a una persona sólo es posible si existe una
fuente animal (bovino, caprino, porcino y cánidos) con la
infección o son portadores de dichos microorganismos.
El ingreso de esta bacteria al organismo se produce a través de
la piel o de las mucosas. La piel representa la puerta de
entrada más frecuente en el medio rural, aunque también es
posible el contagio profesional, veterinarios o trabajadores de
los frigoríficos. Para que esta penetración sea posible es
necesario la presencia de una lesión previa en la piel, hecho
característico, por las particularidades de las tareas
profesionales de dichas personas. En el medio urbano adquiere
importancia el ingreso a través del aparato digestivo, por la
ingestión de leche contaminada o de sus derivados.
Cuadro clínico
Luego de un período de incubación de alrededor de 2 a 3 semanas,
las manifestaciones clínicas comienzan de forma brusca e
insidiosa, con decaimiento, debilidad, dolores de cabeza,
pérdida del apetito y de peso. También adquieren gran
importancia la fiebre y los dolores musculares y articulares. La
fiebre de 39 a 40 grados centígrados, generalmente vespertina,
se mantiene por períodos prolongados (varias semanas) y se
acompaña de escalofríos y transpiración profusa.
Es frecuente también, la aparición de ganglios de tamaño
variable e indoloros. El compromiso articular es característico,
sobre todo a nivel de la columna vertebral, produciendo un dolor
local y contractura muscular.
A nivel del sistema nervioso central, las alteraciones se
manifiestan con dolores de cabeza, vómitos, rigidez de nuca y
alteraciones del estado de conciencia.
Tratamiento
El tratamiento de la brucelosis se basa en el uso de
antibióticos específicos. El tiempo de administración puede
extenderse hasta los 2 meses, pero debe tenerse presente que en
algunas personas puede producir intolerancia o un cuadro tóxico.
Las tetraciclinas son los antibióticos de elección, de las
cuales la oxitetraciclina se administra durante 3 ó 4 semanas;
la doxiciclina es mejor tolerada a nivel gastrointestinal,
administrándose también durante 3 semanas. A estos medicamentos
debe asociarse la rifanpicina durante 3 semanas.
Luego de la remisión del cuadro clínico, se repite este esquema
de tratamiento a los 3 ó 4 meses para disminuir al máximo las
posibles recaídas. En caso de afección del sistema nervioso
central, se recomienda el uso de la ampicilina asociada a la
rifanpicina.
Otra medida a tener en cuenta es el reposo, tal como se lo
indica generalmente en cualquier enfermedad febril.
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